En el vecino país, grupos de jóvenes armados con machetes, garrotes y gasolina están atacando de forma indiscriminada a inmigrantes de Mozambique, Zimbabue y Malaui. Varios extranjeros fueron quemados vivos y decenas de comercios y viviendas saqueadas. Según las distintas agencias de noticias, se estima que ha habido 24 muertos. Johannesburgo se ha convertido en una ciudad sin control donde la violencia xenófoba parece que no tiene límite. ¿La realidad supera la ficción? Pues parece que sí, porque las imágenes que llegan parecen sacadas de una película de guerra.Desde que empezó esta ola de violencia el 11 de mayo no he dejado de seguir la prensa. Atacan a los inmigrantes porque les acusan de estar detrás de los crímenes y robos que azotan la ciudad, quitarles el empleo y la precariedad de los servicios. Un cóctel explosivo que desató una oleada de justicia por mano propia. Los extranjeros fueron atacados y expulsados de sus hogares.
En Sudáfrica vive un estimado de cinco millones de inmigrantes ilegales de otros países africanos. Pero muchos de ellos, lo único que quieren es trabajar y buscarse un futuro mejor que su país no puede ofrecerles. Muchos de ellos huyen del hambre, la pobreza, la guerra o la falta de un futuro mejor para sus hijos. Delincuentes, los hay en todas partes y no se puede juzgar a un colectivo entero por lo que hagan unos cuantos impresentables. Que se les aplique la justicia a ellos, pero no al resto de familias honradas y humildes que lo único que quieren es una vida más digna.
Aquí en Mozambique, se sigue esta situación de forma preocupante. Hay muchos mozambiqueños que tienen familia en Sudáfrica, muchos que tienen conocidos allí. Porque la realidad es clara: muchos han emigrado y continúan haciéndolo en busca de una vida mejor. Van a trabajar a las minas de diamantes, a las fábricas, a los campos... el fenómeno de la emigración en busca de un sueño, de un futuro.
Lo qué más me impacta, es que esta ola de xenofobia es de negros contra negros. Nunca lo hubiera imaginado. Ese recelo, odio, hostilidad contra lo diferente y ese sentimiento de rechazo hacia lo que es de fuera. No tiene justificación... todo esto me repulsa y no me deja indiferente.
Hasta el propio Nelson Mandela ha declarado que “la ola xenófoba se convierte en una vergüenza nacional, ya que muchos han olvidado o ignoran que los sudafricanos tuvieron la ayuda de sus vecinos en su lucha contra el apartheid."
A día de hoy no sé sabe muy bien cómo va a acabar esto. Ojala que estos episodios no se vuelvan a repetir, ni en Sudáfrica ni en ningún sitio... ¿demasiado ilusa o poco realista para pensar que algo así pueda pasar? quizás, pero prefiero tener esperanza. Todavía confío en que los seres humanos aprendemos de nuestros errores. Confío en que este tipo de situaciones son lecciones de vida que no debemos olvidar. Confío en que esto nunca vuelva a pasar.

