Estoy madrugadora. Todos los días amanece muy temprado. A estas horas de la mañana la vida diaria comienza en la ciudad. Me gusta mirar por mi ventana y observar: chapas, mamanas con sus puestecitos improvisados en frente del Hospital Central, los niños uniformados que van de un lado para otro... gente que va, gente que viene.Y con todo esto movimiento me pongo a pensar: hace un año llegué aquí. Estoy de parabens como me diría mucha gente. Llegué llena de ilusiones y abierta a aprovechar lo que iban a ser nueve meses al máximo. Por circunstancias de la vida decidí continuar y hoy hago un año. Es mucho y no es nada. Pero eso sí, es uno de los años más intensos que he vivido... a veces me dada la sensación que estaba en una montaña rusa. ¡Qué vértigo!
Mi vida en Mozambique ha sido maningue interesante. Además, Maputo es una "ciudad de paso" y siempre hay movimiento de todo tipo de gente y personajillos de lo más vario pinto: gente de aventurera, gente serena, gente sin rumbo, gente con las ideas claras, gente loca, gente muy seria, gente con corazones de oro, gente flipada de la vida, gente comprometida, gente superficial, gente "rara", gente estupenda, gente divertida, gente especial, gente que habría deseado no conocer, gente que siempre había deseado conocer... en fin, gente de todo tipo que de alguna manera han enriquecido mi vida y me han dejado huella (buena o mala, pero no han pasado de forma indiferente para mí).
Un año moçambicano, un año del que no me arrepiento de nada (a pesar de haber estado en algún momento a punto de coger la maleta y salir corriendo para España). Todo ha valido la pena. Este país me ha enseñado tanto... y lo mejor de todo es que a día de hoy continúo llena de ilusiones y abierta para seguir aprendiendo más.
Moçambique é maningue nice... ¡y lo es!

