"ESCRIBIR SALE DEL ALMA"
Gabriel García Márquez".

"África es uno de los continentes más ricos del mundo en recursos minerales,  pero tiene a la gente más pobre del mundo". Y la más explotada, también. 
Southern Africa Resource Watch (SARW)

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Señales de vida desde Nampula / Sinais de vida desde Nampula

alOha mi gente...
Por fín he encontrado un internet-café y no os imaginais la sorpresa al chequear mi correo y el facebook y encontrarme con todos vuestros mensajes.
Como no puedo responder a cada uno personalmente (lo haré como corresponde cuando vuelva a Maputo) sólo deciros que estoy bien aunque todo está siendo una aventura.
He estado viajando via chapa, machibombo, bagamoyo, camioneta y camión. He buceado entre seis tiburones ballena, una tortuga marina y una manta ray en Tofu, he disfrutado de las aguas del océano índico, he conocido un montón locos viajeros, he intentado hacer surf (creo que no es lo mio), he disfrutado de fiestas hasta el amanecer en la playa, he madrugado para acompañar a los pescadores de Barra en su día diario, he caminado descalza por la arena, por los pueblos, por la carretera sintiéndome conectada con 'mamá tierra'. Hasta me encontré con amigos de Maputo en pleno concierto de música moçambicana en la playa (Helder, Valoy, Bavazana, vocês são ums fofos!!!)
Como no, y eso nunca falla en un viaje de estos: me he quedado tirada en pueblos perdidos en los que no había NADA de NADA (pero de esto ya estoy curada de espando. Estoy en África... y cosas así simplemente pasan!)
Me he bañado en el rio Zambeze donde 'supuestamente' había cocodrilos después de estar cuatro días con la misma ropa, sudorosa, llena de tierra, pegajosa, con una mochila a la espalda y 40 grados de temperatura bajo el sol (no pude evitarlo... necesitabaa AGUA!!) y la verdad es que las caras de las mamas que estaban a la orilla eran todo un poema. Como me hubiera gustado haberles hecho una foto pero ni el momento ni las circunstancias me lo permitían.
Y por supuesto, no puedo olvidar las seis horas y media metida en un chapa esperando a que se llenara de gente para poder continuar el viaje (de esto también estoy curada de espanto), me he hecho cargo de un bebe precioso durante uno de mis trayectos en machibombo, he dormido en un camión, he pasado una noche en un pueblo en la mitad de la nada donde sólo había borrachos y prostitutas (esto ha sido lo menos bonito por ahora), he disfrutado de paseos en bici-taxi, casi pierdo mi móvil y me deja el machibombo para Nampula cuando trataba de buscar un lugar para hacer "pipi" (para una chica no es nada fácil... de hecho voy a hacer como hacen las moçambicanas que van de capulana. Viajar con una capulana encima de los pantalones es la forma más fácil de tener que ir al 'baño' en la mitad de la carretera sin tener que enseñarle el trasero a nadie!) .
Pero lo mejor de todo esto que estoy viviendo es la gente que se cruza por mi camino: la sensación de soledad se combina fácilmente con la alegría inmensa que siento cada vez que encuentro una mano amiga dispuesta a echarme un cable cuando lo necesito o simplemente cuando de la nada surgen conversaciones interesantes con cualquiera desconocido o surgen amistades de la manera más sorprendente... en fin un montón de experiencias de las que estoy aprendiendo mucho.
A medida que he ido subiendo hacia el norte, la gente no dejaba de hacerme la misma pregunta: "qué hacía una chica como yo viajando sola??" la respuesta muy simple: conociendo más a fondo este país. Recorriendo y pateando cada rinconcito de esta tierra linda a parte de conocer mejor a la gente. Viajar sola hace que te abras mucho más, además yo necesitaba urgentemente unas vacaciones y hacer un 'kit kat' de mi ambiente en Maputo (que no quiere decir que no eche de menos a todos mis fofinhos). Me siento feliz, me siento nueva... definitivamente os doy la razón a todos los que me animastéis a hacer este viaje.

Por cierto, me temo que esta carta abierta está llegando a su fin. Me quedan 7 minutos de internet... y esto se acaba. Mañana madrugo de nuevo para coger un chapa para llegar a la Isla de Mozambique. Unos días en otro paraiso y después tren hasta Malawi. La aventura continúa.

Mi viaje en Moçambique esta siendo maningue nice.

besOs

ps1-como no tengo mucho tiempo para escribir, he decidido crear una lista en la que, siguiendo mi línea de positivismo y buen rollo, pongo las cosas buenas que me están pasando en este viaje. Cada vez que pueda tener acceso a internet voy a ir actualizándola.

ps2-fotos pondré cuando vuelva en Maputo.

sábado, 17 de mayo de 2008

Perderse en Xipamanine

Xipamanine es un barrio de Maputo, conocido también por su mercado. Los sábados es un hervidero de gente. Todo el mundo va para comprar, vender y trocar. Se puede encontrar absolutamente de todo, cualquier cosa (y cuando digo de todo es de todo en el sentido literal de la palabra). Este mercado me recuerda mucho al famoso Merkato de Addis Ababa, en Etiopía. La única diferencia es que el Merkato es mucho más grande (por eso es conocido como el mayor mercado de todo África). Pero hay cosas que no cambian y son iguales: el caos, el desorden, el ruido, la gente, los coches y chapas atascados en las estrechas calles. Olores de todo tipo, capulanas, muchas mujeres, el intenso calor y la escasez de una buena sombra y de fondo como siempre, la música a todo volumen. Y es que la música no puede faltar...


La primera vez que estuve en Xipamanine fue con mi querido Matanyane. Recuerdo que me llevó por los rincones más insospechados, entre caminos de barro y tenderetes de ropa usada. Por cierto, esta parte del mercado se la conoce como el "Mercado de las Calamidades" porque se puede encontrar todo tipo de ropa y calzado de segunda mano de todas las marcas que ahora mismo se te puedan estar pasando por tú cabeza. Cuando preguntas de dónde viene toda esta ropa la gente sin darle mucha importancia responde que es la ropa que "recogéis en en vuestros países para mandar a África" y termina acabando en mercadillos como este. ¿Y cómo? pues no lo sé. Unos dicen que roban la ropa de los "famoso envíos solidarios", otros que es la ropa que sobra de estos envíos y otros no saben o no contestan... en fin, que todo el mundo sabe pero nadie sabe nada.


Hoy cuando volví lo hice con Mario, amigo y fotógrafo mozambiqueño. Un chapa directo desde el paragem que hay en frente de mi casa y en veinte minutos ya habíamos llegado. Nada más llegar bajo ese sol de justicia de las doce de la mañana, comenzamos a caminar entre chapas y mamanas moçambicana. El mercado como siempre a rebosar que a veces hacían difícil el poder moverse con facilidad. Es curioso ver como una acera puede albergar todo un mundo. En una acera de Xipamanine se puede encontrar una mamana vendiendo tomates, al lado de un niño vendiendo "latas de agua", un zapatero arreglando chinelos, un joven vendiendo toda clase de artilugios para el pelo y pequeños montones de basura llenos de moscas y demás insectos voladores.

Es una mezcla rara y a la vez muy auténtica de lo que es la vida en este mercado. Pero esto, sólo es lo que hay fuera. Cuando se llega dentro de las entrañas de este lugar, es fácil encontrar animales de todo tipo (vivos y no tan vivos). Las gallinas hacinadas en jaulas de alambre casero, el calor y la basura hacen que a veces haya ráfagas de olores un tanto "fuertes" pero eso es el mercado.

Según íbamos caminando, la gente comenzaba a saludarnos y como no, a tratar de vendernos toda clase de cosas: me han ofrecido desde una gallina viva, pasando por un bolso de paja, unas costillas de carne, un bote de pasta de dientes, una lagartija en un palo ý una cabeza de cerdo disecada de la zona donde están los curanderos, unas chanclas, unas braguitas rojas neón, un saco de carbón, unos vaqueros de hombre, no han faltado las capulanas y un sin fin de cosas curiosas que dependían de la zona del mercado por donde pasara. En inglés, en portugués y hasta en changana, la gente se acercaba y sacaba tema de conversación.

Cada persona que he conocido hoy guarda historias que realmente serían para escribir un libro. Detrás de cada habitante de este mercado, hay un ser humano que está luchando por salir adelante y eso tiene mucho valor. Lo mejor de perderse en un mercado como este es el tener ese contacto con la gente (mayores o jóvenes). Pararse y charlar y para sorpresa de muchos no comprar. Una mañana intensa entre puestos y barracas de canhiço o de ladrillo. Hace mucho no me perdía en un mercado como este y creo que vale la pena, porque forma parte de la realidad y el día a día de esta ciudad.



* Las fotos de esta entrada son cortesía de Mario.

lunes, 7 de abril de 2008

Día de la Mujer Moçambicana: 7 de abril

7 de abril de 2008 y en la localidad e Moamba (casi en la frontera con Sudáfrica) al suroeste de Mozambique se celebró por todo lo alto el día de la mujer moçambicana. Si el día de la mujer es importante.... O DIA DA MULHER MOÇAMBICANA mucho más. En esta fecha hace treinta y siete años murió Josina Machel , primera esposa del revolucinario Samora Machel y símbolo de la contribución de la mujer a la lucha armada y política por la independencia de Mozambique. La fecha de su muerte, el 7 de abril, fue instituida como el Día de la Mujer en este país africano.

Cada año en la provincia de Maputo se elige un distrito para celebrar este día tan importante y este año fue en Moamba. Esta pequeña localidad a 50 km de la capital vivió uno de los momentos más especiales del año... y una servidora tuvo el privilegio de ser testigo de todo.
Gracias a Rosa (una madrileña que trabaja para una ONGD inglesa en el Ministerio de la Mujer) me enteré de que la celebración iba a ser en Moamba. Así que ni corta ni perezosa organizamos "viaje" hasta este pueblo para conocer y vivir en directo este día tan especial. Al principio pensaba que Rosa y yo íbamos a ser las únicas... después se nos unió más gente: un fotógrafo portugués, una francesa que lleva temas de cooperación cultural en al Embajada de Francia en Moçambique, un madrileño que trabaja en el hospital de Moamba como oculista y mi mejor amiga brasilera em estas terras moçambicanas.

El chapa como siempre fue nuestro transporte para llegar a nuestro destino final. Dos chapas y casi tres horas de viaje (en coche particular con un hora llega). A las ocho y media de la mañana estábamos a la espera y después de un trayecto sin complicaciones (¡algo raro para ser Moçambique!) llegamos a este pueblo.
La carretera estaba llena de gente que se dirigían a una explanada donde los organizadores habían situado el evento. Estaba lleno de gente, había chapas, carros, camiones y todo tipo de transporte que no sé cómo habían llegado hasta allí para ser testigo de todo.

Bajamos del chapa a la entrada de Moamba y nos dirigimos hacia el lugar donde se estaba celebrando el evento. Sintiendo el ambiente, sonriendo y saludando a todo aquel que se cruzaba en nuestro camino y como siempre pasa… siendo los “únicos mulungus del lugar nos adentramos entre la multitud. Niños, jóvenes, militares, abuelos, abuelas y sobre todo muchas mujeres. Nosotros, en medio de la masa, tratando de buscar nuestro lugar.

Al final te das cuenta que aunque haya momentos en los que notes cómo el color de tú piel puede condicionar tú relación con la gente de este país hay otros muchos en los que ni te das cuenta que eres blanco, verde o amarillo. Desgraciadamente he de reconocer que nunca antes había sentido como el color de piel podía marcar de forma tan exacerbada tú posición y tú relación con la gente, especialmente cuando se sale de la capital. No sé si es porque Sudáfrica está al lado, si los resquicios del apartheid del país vecino "influyen o han influido" de alguna manera o por los resquicios de la colonización. Pero en fin, una servidora a pesar de todo, en estos momentos se sintió como pez en el agua. Ahí estaba yo, moviéndose entre la multitud como una más.

Bajo un ambiente embriagador, entre festivo y reivindicativo, entre político y social nos recibió la gente como nunca antes lo había sentido. Francisco (un fotógrafo portugués) y yo enseguida tomamos posiciones y la celebración comenzó. Con paso firme, al compás y con sentimiento... voces desgarradoras en algunos momentos y movimientos con fuerza marcaron el ritmo del evento.


Todas las mamanas (mamas moçambicanas) empezaron a cantar. Todas con sus mejores capulanas, algunas casi uniformadas y con sus sonrisas de oreja a oreja. Cada grupo de mamanas representaba un distrito, una organización y en sus cantos consignas a favor de los derechos de las mujeres, canciones en honor a Josina Machel, canciones de lucha, canciones que pedían respeto, canciones en contra de la violencia y canciones que querían dejar claro que las mujeres son una pieza importante y esencial en la sociedad moçambicana. Entre discursos, cantos y más danças la gente de Moamba y nosotros vivimos momentos muy especiales.


Mil sentimientos y pensamientos como siempre entre mi corazón y mi cabeza. Realmente hay que estar allí para sentir el ambiente. La piel de gallina y emoción... tenía ganas de llorar pero a la vez me sentía fuerte, reinvindicativa... y cada vez que observaba los rostros de esas mamanas moçambicanas, esos rostros que lo dicen todo, con esas miradas y facciones duras, esos rostros de luchadoras, de trabajadoras, de "sufridoras", rostros de orgullo, de dignidad y sobre todo de rostros con historia, con un pasado y presente vivido como nunca nadie ha podido imaginar, me hacían pensar mi mi vida. Replantearme muchas cosas y reflexionar. En seguida vino a mi cabeza aquel escrito de mi querido Gabo (Gabriel García Márquez) sobre la mujer. Mi vida no se puede comparar a la de ellas evidentemente. Y si me comparo con ellas... sólo puedo decir que me siento pequeña.... hay tanto todavía que me queda por hacer y aprender...

En fin que como siempre este ha sido otro momento único de los muchos que estoy viviendo aquí en Moçambique... esta vez en Moamba. Mi primera celebración del 7 de abril me ha impactado. ¿Por qué será que todo "me impacta"? pues la verdad es que como dice una compañera de trabajo... vivo todo con mucha intensidad y pasión. Según ella, le pongo corazón a todo... quizás por eso cada momento o situación que experimento en este país me deja huella. ¿Demasiada intensidad? puede ser, pero si no se le pone corazón o pasión a las cosas, ¿entonces qué? Prefiero vivir con pasión que convertirme en una persona impasible, de piedra a la que nada ni nadie le afecte.

Creo que esta fecha para mí estará apuntada para siempre en mi agenda. No importa donde esté, en Moçambique, en España o en la China... el 7 de abril es y será para mí un día especial. No creo que sea tan fácil borrar de la cabeza las imágenes y recuerdos de estas mujeres a las que admiro, respeto y quiero. Además su lucha, trabajo o reivindicaciones no se limitan sólo al 7 de abril... es todos los días.

Por cierto... como anécdota... la vuelta en chapa desde Moamba hasta Maputo al final se convirtió en una odisea. ¿Imagináis por qué? pues porque nos quedamos tirados en medio de la carretera porque el chapa quebró. Yo estaba tan cansada que caí rendida en cuanto subimos a este "medio de transporte público". Pero cuando el chapa "murió" me espabilé enseguida.
Después de casi una hora de espera pensando que hacer: caminar hacia la localidad más cercana (Matola), hacer autostop hacia el paragem de chapas más cercano o llamar a algún amigo con carro de Maputo y que nos diera boleia... Finalmente el conductor "arregló" lo que tenía que arreglar y volvimos eso sí, a duras penas a Maputo sanos, salvos, cansados y sobre todo... felices del día que habíamos vivido.

lunes, 25 de febrero de 2008

Cuatro cabezas de vaca y rumbo a Matola

Matola es ciudad a las afueras de Maputo. Doce kilómetros separan esta ciudad industrial con la capital moçambicana. Está relativamente cerca. 15 minutos si vas en coche y cerca de una hora si vas en chapa. Más tiempo si es hora punta. Hay mucha gente que vive en Matola y trabaja en Maputo, es como una "ciudad dormitorio" pero claro... a lo africano... esto es Moçambique.
En el barrio de Maxaba Sosimol vive Betino, un joven bailarín moçambicano. Porque una cosa que si que debo de destacar es la riqueza y variedad cultural de esta ciudad. En Maputo se respira, se traspira, se vive y se siente la cultura por todas partes. El arte está en el aire. Hay mucho talento, pero que muchísimo talento y puedo decir que yo soy una afortunada de poder conocer de cerca a algunos de estos jóvenes artistas. Betino, Idio y Edvaldo son un ejemplo de ello. Además de pertenecer en Moçambique a algunas de las compañías más importantes de danza profesional también viajan (cuando las oportunidades y el trabajo lo requieren) al viejo continente.
Antes de la aventura europea de Betino e Idio (ahora mismo andan por Francia.. vamos que están de gira y hasta dentro de un mes no volverán a Maputo) decidimos organizar una comida típica moçambicana. La verdad es que fue todo idea de Betino e Idio y disfrutamos de lo lindo.

Ya he escrito antes sobre la experiencia que es viajar en chapa. Por otras entradas escritas en este blog ya sabéis la odisea que es a veces viajar en este tipo de "transporte colectivo" como lo llaman aquí. Si señor, cada vez que cojo un chapa siempre pasa algo... y en esta ocasión no podía ser menos.
Nunca habíamos ido en chapa hasta Matola... y por eso Edvaldo vino expresamente a buscarnos. Betino le había dicho que nos acompañara ya que no es fácil llegar (sino se conoce el camino) hasta su casa. Teníamos compañero de viaje en este nuevo periplo. Así que de mañana las "marulinhas" (Steph, Marian y yO) estábamos listas y preparadas para disfrutar de este domingo moçambicano.

Nos dirigimos hacia la zona de Museu, una de las paradas que hay en la ciudad para coger chapas y buscar el que nos llevaría hacia la otra zona de paradas de la 24 de Julhio para coger un segundo chapa que nos llevaría hasta la zona donde vive Betino.
No es muy comúm ver a tres mulungus (así llaman aquí a los blancos en lengua changana) un domingo por la mañana, acompañadas por un joven moçambicano, subidos en un chapa y en dirección a Matola. Nosotros formábamos ese "extraño cuadro" para algunos y normal para otros.
Desde el primer momento que pusimos pie en el primer chapa comenzó la diversión. El conductor del chapa ni corto ni perezoso le preguntó a Edvaldo que "qué hacía con tres chicas tan guapas, qué a de dónde erámos, a dónde íbamos, cuánto tiempo llevábamos en Maputo, si hablábamos portugués, si teníamos marido etc, etc, etc...". Edvaldo que no se corta ni un pelo y le encanta la brincadera le dijo que "éramos alemanas y que íbamos a Matola" (sobre todo por la pinta de "alemanas que tenemos Marian y yo claro). Imaginad el cuadro, el chapero comenzó a decir que quería una "esposa", que quería elegir a una de nosotras.
Edvaldo le seguía el rollo y le decía que claro... "tener una esposa moçambicana es complicado, sobre todo por el tema de la dote y que es mucho mejor tener una esposa extranjera" . El caso es que el tipo me eligió a mí como esposa... mira que me han pasado anéctodas aquí pero eso de encontrar marido en un chapa... él a cambio además de la "dote" que mi "representante" Edvaldo (porque el mismo se nombró intermediario en este "negocio") pidiera me enseñaría changana. Nosotras no podíamos parar de reir.
El chapero se lo había tomado en serio y Edvaldo no dejaba de seguirle la corriente. Lo tenía todo planeado y organizado. Edvaldo le pidió una serie de requisitos si quería casarse conmigo y si lo conseguía pues el "matrimonio estaba apañado": el afilhado (ahijado) de Edvaldo como el propio chapero se autodenominó debía aprender alemán, conseguir una cabeza de vaca, pasarla por los distintos controles de aduana de los aeropuestos de Moçambique hasta llegar a Alemania donde sería la boda. Simple y fácil. Si él conseguía burlar los controlos de aduana y llegar a Alemania con una cabeza de vaca como equipaje de mano el matrimonio estaba hecho. El afilhado de un momento a otro hizo una llamada y confirmó que tenía ya la cabeza de vaca y que estaba dispuesto a hacer lo que Edvaldo decía. Sí, mi "futuro marido" se lo había tomado en serio. Nosotras no podíamos más de la risa. Era todo subrealista. La música como siempre a todo volúmen del chapa y el chapero insistiendo en organizar el matrimonio. El resto de viajeros del chapa alucinado. La cosa se fue poniendo más en serio. Ya quería mi teléfono y Edvaldo como buen representate le dijo que si quería hablar conmigo tendría que ser a través suyo.
Nosotras nos hacíamos las guiris sin darle importancia al asunto. Porque el afilhado estaba ya emocionado organizando y negociando lo de la cabeza de vaca. El tiempo pasó volando y cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a nuestra segunda parada para el cambio de chapa. Así que entre risas nos bajamos rápidamente y nos despedimos de"mi futuro marido".
Creo que esto no habría sido una anécdota sino es porque después de abandonar el chapa y llegar hasta Matola el "chapero, afilhado o futuro marido" no dejó de llamar a Edvaldo "solicitando" hablar conmigo. El pobre Edvaldo estaba traumatizado porque no dejaba de recibir llamadas y mensajes insistentes de él. En las últimas llamadas ya había conseguido cuatro cabezas de vaca y quería organizar el viaje a Alemania.

Viajar en chapa definitivamente es una experiencia. He desistido de buscar coche. Moverme en chapa es más divertido. Es vivir el día a día, estar con la gente y disfrutar de esos momentos irrepetibles que quedan para siempre en el recuerdo.
Por cierto, ¿será que valgo cuatro cabezas de vaca?









domingo, 9 de diciembre de 2007

Destino Tambuzi y acabamos en Pemba

Llevaba varias semanas preparando esta escapada aprovechando el puente...por fín iba a poder conocer una pequeña isla perdida en el medio del Océano Indico llamada Tambuzi Island. El viaje parecía sencillo: Avión de Maputo a Pemba (cuatro horas de viaje parando en Beira y Nampula antes de llegar a Pemba), en el aeropuerto un motorista (un conductor) nos llevaría rumbo al norte hasta llegar a Mocimboa da Praia (un pueblecito pesquero) durante cinco horas por carreteras moçambicanas y de allí en dhow (una especie de barco de vela) hasta llegar a la isla paradisiaca.

Pero esta aventura dio un giro de 180 grados y lo que pretendía ser una aventura hacia una maravillosa isla paradisiaca acabó convirtiéndose en "viaje a Pemba".
Cualquier persona que haya viajado alguna vez por África... o en este caso por Moçambique sabe de lo que hablo. Aquí no se pueden hacer planes... porque los planes al final NUNCA FUNCIONAN... y lo que hoy es blanco, mañana es azul y pasado es verde...

Nuestro viaje comenzó el miércoles, a las seis de la mañana había quedado con mis amigas y compañeras de viaje Tatiana y Odette. Nuestro vuelo salía a las siete y media debíamos estar en pronto en el aeropuerto. Llegamos en diez minutos desde mi casa y nada hacía presagiar lo que vendría después. Facturamos y embarcamos sin problemas (previo pago de las tasas de viaje) y nuestra primera parada fue Beira (si, el avión es como un autobús, hace paradas en otras ciudades para recoger/bajar pasajeros).

Nos hicieron salir a todos del avión, esperar veinte minutos y volver a embarcar. A todo esto imaginaros a todos los pasajeros caminando por la pista tan normales (si, aquí el pasajero camina del avión hasta las salas del aeropuerto atravesando como no la pista de aterrizaje).
Subimos otra vez y yo tenía a un señor muy pesado que no dejaba de preguntarme que "a dónde iba, qué hacía, en qué trabajaba, si estaba de vacaciones, cómo me llamaba... " y aunque no le contestaba y me hacía la dormida para no hablar con él, este hombre seguía insistiendo. Mis amigas se reían... claro... ellas no tenían al ¡"abuelete" dando la lata! El caso es que después de aguantar las cuatro horas de viaje con la conversación sin sentido del "abuelete moçambicano", saliendo y entrando del avión y atravesando las distintas pistas de aterrizaje de los aeropuertos de Maputo, Beira y Nampula por fín llegamos a nuestro primer destino: Pemba

Nada más salir del avión y como no, atravesar la pista hasta llegar a la sala de equipajes bajo un calor que no os podéis imaginar (peor que en Maputo) recibo un sms del motorista que nos iba a llevar para decirnos que no viene... le llamo y le pregunto que si va a venir más tarde y resulta que el hombre nos dá plantón, no viene... imaginaros nuestra cara, tiradas en el aeropuerto de Pemba, en una ciudad desconocida y que no pretendíamos visitar. ¿¿Cómo íbamos a llegar a nuestro segundo destino?? En Mocimboa estaba todo preparado y estaban a la espera de nuestra llegada.

En seguida me puse a llamar a todo el mundo que conocía y afortunadamente en Pemba tengo buenos amigos que en seguida respondieron. Pero todos decían lo mismo... para ir a Mocimboa o vas en coche privado o en el único machimombo (una especie de autobus algo más grande que las famosas chapas que se utilizan aquí como transporte público) que sale de madrugada. Sólo salen una vez al día y si queríamos cogerlo debíamos esperar hasta el día siguiente para apanhar los billetes del machimbombo.
Buscar un motorista a esas horas era ya imposible. Nadie conocía a nadie y en la única agencia de viajes de Pemba nos cobraban 400 dólares sólo por llegar allí... una pasta contando que por 200 meticais (unos seis euros) el machimbombo nos llevaba a nuestro siguiente destino. Buscar otro dhown o barco de pescadores que luego nos llevara a la isla (ya habíamos perdido el que nos habían organizado) y en fin... improvisar sobre la marcha fue una prueba de paciencia, control de nervios y templanza.
Fanou y Viola nos "adoptaron" esa noche en su casa. Esta pareja de amigos que trabajan para Médicos del Mundo en unos proyectos de HIV/SIDA fueron nuestros ángeles de la guarda. Nos dejaron las llaves de su casa y nosotras esa tarde decidimos aprovechar para disfrutar de la playa. Pemba es famosa por su bahía (está entre las tres mejores del mundo) y también por su famosa playa: Wimbe. No podíamos hacer nada y decidimos ver el lado positivo de todo, aunque perdiéramos un día todavía podíamos viajar al día siguiente.
A la madrugada siguiente estábamos en pie a las tres de la mañana... a las cuatro salía nuestro machibombo a Mocimboa da Praia y no podíamos permitirnos el lujo de perder un día más. Álvaro, nuestro anfritión de la isla ya había organizado otro barco que nos llevara cuando llegáramos a este pequeño pueblo pesquero.

El caso es que después de cuatro horas de viaje, entre todo tipo de olores, gente y paisajes nuestro machibombo decidió "morir" en medio en una aldea perdida del Moçambique más profundo... era como una película. Nos quedamos tiradas en el medio de la nada. Cuando digo "medio de la nada" me refiero en el "medio de la nada"...no había nada de nada, ni agua, ni puestecillos callejeros (ya no digo tiendas porque eso ya es un lujo aquí en África), ni vendedores ambulantes, ni electricidad, el móvil no tenía cobertura... así que ahí estábamos nosotras y las cuarenta personas más que viajaban el el machibombo, debajo de uno de los pocos árboles que había haciendo sombra y a la espera de que desde Pemba llegara el mecánico de urgencia.

Durante todo el tiempo que estuvimos tirados nos alimentamos a base de mangos (lo único que pudimos conseguir) y yo volví a poner en práctica mis "respiraciones yóguicas" porque era una situación subrealista. No podía creer lo que estaba pasando... a todo esto nosotras éramos la "atracción" de las gentes del lugar... no todos los días se queda tirada un machibombo con tres locas viajeras adictas a los mangos. Porque para seguir en mi línea de buen rollo y positivismos, había que tratar de sacar lo bueno de la situación. Los mangos estaban buenísimosssssss.


Los minutos pasaban y se convertían en horas y el mecánico no aparecía... cuando le preguntábamos al conductor del machibombo, nos respondía sin prisa y con calma que "ya había llamado" y que ya el mecánico de urgencia que venía desde Pemba ya estaba de camino... pero aquí el tiempo como ya he mencionado en otras historias de este blog tiene otro sentido.

Y las horas seguían pasando y nosotras seguíamos tiradas sin poder hacer nada... El tiempo se nos echaba encima. Ya era jueves y desde donde estábamos (ni siquiera tenía nombre la aldea) nos quedaban siete horas hasta llegar a Mocimboa. Eso siginificaba que hasta el viernes en la madrugadano estaríamos llegando a Tambuzi pero el mismo viernes por la noche tendríamos que coger otro barco/dhow de vuelta a Mocimboa para coger el sábado a la madrugada otro machibombo para volver a Pemba. El domingo a medio día cogíamos el avión a Maputo.... demasiado complicado... Y por votación popular y democrática entre mis amigas y yo decidimos muy, muy, muy a mi pesar volver para Pemba.

Tanto mis amigas como yo no nos podíamos permitir el lujo de perder el vuelvo el domingo... porque si llevábamos dos días para viajar... no queríamos imaginar cómo sería la vuelta... y más con el tiempo tan justo con el que contábamos... y creo que la razón del "tiempo" pesó más que otra cosa... "donhos do tempo" (¿verdad Álvaro?... yo después de esto he decidido no usar reloj nunca mais en estos lugares).

La gente del autobús no entendía lo que estábamos haciendo... "que é o que pasa mamá?" me preguntaban (aquí es bastante común que los moçambicanos se dirijan a la persona con la que hablan llamándola papá o mamá según sea hombre o mujer). Después de la larga espera llegó el mecánico. Le preguntamos si nos podía dar boleia (si nos podía llevar en su coche) hasta Pemba y se negó. Así que hablamos con el conductor que nos llevaba a Mocimboa para que parara el primer machibombo en sentido contrario que volviera para a la ciudad. Y así lo hizo. Después de dejar la "aldea perdida" y seguir por la vieja carretera en dirección Mocimboa el conductor del machibombo paró otra vez en el medio de la nada a otro machibombo e hicimos "el cambiazo" (estas cosas sólo pasan por estas tierras!).


Así que ahí estábamos las tres despidiéndonos de medio "autobús" y dando la vuelta para la pequeña ciudad de Pemba. La siguiente cuestión era otra: ¿y ahora qué hacemos? sin conocer la ciudad y como única referencia Fanou y Viola volví a llamarles en cuanto tuve cobertura y pedirles que nos "adoptaran" en su casa hasta el domingo, porque nos quedaban dos días más antes de volver a Maputo.
Como era de esperar, nos aceptaron encantados y nosotras decididimos coger la guía que teníamos y tratar de sacar el mejor partido a la situación.
Aquella noche ya teníamos planeado lo que íbamos a hacer y al final nuestra aventura por tierras del norte no fue tan catastrófica como parecía que iba a acabar. Para empezar no nos volvimos a quedar tiradas en ninguna carretara, no tuvimos que volver a recurrir a ningún tipo de transporte público local (ni chapas ni machibombos), nos hicimos amigas de un taxista (llamado Alegre) que nos llevó y nos trajo cuando Fanou y Viola no podían darnos boleia y sobre todo teníamos un techo donde dormir esos días.

Después sólo fueron cosas buenas, hicimos buceo (buceo de verdad, con los trajes de neopreno, las botellas de oxígeno) con el viejo Peter. Un sudafricano que lleva 16 años en Pemba y más de cincuenta en el mundo del buceo. Le conocimos en la playa de Wimbe y fue genial. La sensación de estar en pleno fondo viendo todo tipo de peces de colores, estrellas de mar, corales y demás bichos acuáticos es indescriptible. Pasamos el día en esta playa, tomando zumos de piña natural con alguna caipirinha que otra entre medias. Comidas y cenas en el Nautilus, el 556, Dolphin Wimbe... visitas a mercadillos como el de Nitite y lo mejor de todo vino el sábado por la tarde porque Fanou y Viola tenían organizada una acampada en la playa.

El lugar era un pueblo perdido de la costa llamado Murrabué. Fue increíble. Una playa solitaria, bajo un cielo estrellado maravilloso que parecía pintado a mano, nuestras tiendas de campañas, el océando índico de fondo y nosotras disfrutando del momento. Y el domingo por la mañana estábamos de vuelta en casa de mis amigos listas para coger el avión de vuelta a casa.
La pena con la que me quedé (aunque disfruté de Pemba, mis amigos, de la playa y la acampada) es no haber podido llegar a lo que era nuestro destino de verdad... Tambuzi Island. Después de recorrer 3000 km de avión fue algo frustante pero si me pongo a filosofar sobre la situación:
Si se complicó todo, quizás no era el momento de ir... pero eso no significa que no vuelva a intentarlo. Esta vez con más tiempo y sin prisas. Así que como dije, a partir de ahora yo ya no uso reloj (excepto para ocasiones concretas) y siempre seguiré viendo lo bueno y positivo que me enseña la vida... sobre todo por estas tierras.


*Y a ese chico maravilloso y aventurero que se lo curró para que pudiéramos ir:
Mil gräcias por todo, sé que lo tenías todo preparado para nuestra llegada pero no pudo ser esta vez. Seguro que hacer buceo en el océano índico con el viejo Peter no es lo mismo que hacer buceo contigo... seguro que la langosta que tenías preparada estaba mucho mejor que los "peixes bola" que comimos en Wimbe... seguro que las estrellas que se ven en Murrebué no son las mismas que desde Tambuzi... seguro que el vino y el ron no saben igual en tierra firme que en una isla como la tuya... en definitiva...como te dije, me quedo con las ganas de conocer Tambuzi. Tú y yo somos igual de positivos, locos aventureros y vemos la vida de forma muy parecida. Esta vez no fue, pero estoy segura que la próxima vez sí que será... ¿¿si todavía está en pie la invitación...?? De todas maneras como ya te dije... sigo en Maputo.*

Periodista aventurera en tierras africanas

Periodista aventurera en tierras africanas

"Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino"

"Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza".
Lord Alfred Tennyson, Poeta Inglés ( 1809 - 1892)

NUCLEO DE ARTE: http://www.africaserver.nl/nucleo/port/inde

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Maputo, Moçambique
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Con que personajes me estoy encontrando...

Hay dos tipos de viajeros:
Los que van huyendo de algo y los que van buscando algo (sin contar los 'flipados de la vida' claro... esos sí que son unos personajes).
En este viaje me estoy encontrado con todo tipo de gente. Viajar de mochila sola es mucho mas divertido de lo que esperaba.


[Mi viaje en Mozambique
esta siendo toda una experiencia]

Mi viaje en Mozambique y Malawi... lo mejor de viajar por estas tierras lindas

  • Los desconocidos que se convierten en grandes amigos... encontrar gente con las mismas inquietudes y forma de ver la vida en los lugares menos esperados
  • Caminar, caminar, caminar por cualquier rincon de la ciudad o aldea por la que paso
  • Desayunar el musli casero del backpackers en BT
  • Conocer el proyecto de PAMET (Paper Making Education Trust) y charlar y reirme con las mujeres que forman parte de PAMET (www.pamet.org.mw)
  • Ir con mi vestido de capulana tanzaniana y encontrarme en una estacion de chapas a una mujer que lleva puesta la misma capulana!!!
  • Las noches de guitarra y cerveza entre maluies, indios, sudafricanos, cubanos, canadienses y libaneses.
  • Aprender chichewa (lengua de Malawi) en una gasolinera perdida en Luchenza mienstras espero a que me vengan a 'ayudar' desde Blantyre
  • La lluvia en Malawi
  • El sonido de los arboles de Mulanje
  • Las libelulas al atardecer desde el Monte Mulanje
  • Despertarme con el canto del gallo y los pajaros (no necesito despertadOr!)
  • Llorar de felicidad cada vez que la vida me regala un momento nuevo...
  • Entrar en un templo hinduista y charlar con los sacerdotes indios en el centro de la ciudad
  • Comer injera y doro wet... sentirme por unas horas en mi querida Ethiopia (saudades, saudades...!)
  • Encontrar un restaurante de comida ETIOPE en Blantyre... y hablar amarico con el duenho!!!!!!!!!!
  • Llegar hasta Blantyre (Malawi) en un chapa rodeada de sacos de maiz y hormigas voladoras
  • Llegar a la frontera con Malawi y cruzarla a pie bajo la lluvia
  • El viaje en camioneta por una carretera perdida de Gurue a Milange
  • Montar en el camion verde del Senhor Sacoor
  • Charlar con el Senhor Muana Sacoor
  • Relajarme en la cima de la cascada con el sonido del agua que corre...
  • Los caracoles de los caminos de tierra
  • El olor a lluvia entre bosques de bambu y eucalipto
  • Encontrar unas cascadas espectaculares despues de 3 horas de caminata de subida en una montanha (15km a pie!)
  • Conocer el proyecto del padre Ilario (PARABENS...!!!)
  • Perderme entre las plantaciones de te
  • Las montanhas de Gurue
  • Los pajaros a la entrada de Limoe
  • Reirme con los 'mocambico-cubanos' de Gurue
  • La llegada a Mutali
  • Encontrar y comer uvas en la mitad del mato
  • Disfrutar del espectacular paisaje de montanhas en Niassa
  • El viaje en tren de Nampula a Mutuali
  • Descansar en la 'estera-cama' de Mahari
  • Los chicles 'made in brazil'
  • Escuchar a Luck Dub en Caia
  • Sentir la brisa rozar mi cara a través de la pequeña ventana de machibombo
  • Pasear por la noche en la Isla bajo un manto de estrellas
  • Perseguir cangrejos por la playa
  • Descubrir playas paradisiacas
  • Navegar en dhow
  • Descubrir los rincones más insospechados de la Isla de Mozambique
  • Beber un buen vaso de zumo de mango helado
  • Dibujar 'caritas felices' en las yemas de los dedos de los crios con los que me encuentro
  • La hospitalidad de la gente (en todas partes...!!!)
  • compartir lo que tengo con mis 'compañeros de viaje' espontáneos
  • Escribir cuando se puede en el chapa en mi libreta de 3 meticais
  • Caminar entre manglares
  • Escuchar la selección de los 'greatest hits' de la música marrabenta compartiendo chapa con 32 personas más (sip, 33 personas en total embutidas como sardinas en un chapa de Maxixe a Inchopte)
  • Encontrarme con caras conocidas en los lugares más insospechadas (Helder, Valoy, Bavazana...que bom a gente curtio na praia!!!)
  • Los consejos de Gerald y 'Big F****Andy'
  • La amabilidad y hospitalidad de los moçambicanos con los que me voy encontrando (Obrigada Sr.Miguel, Augosto, Emilio, Mama Maria, Edilson....)
  • La brisa que entra por la pequeña ventana en el Nampula Express de Quelimane a Nampula
  • Cuando alguno de los pequeños que viajan en el chapa me tocan y acarician la cabeza
  • Beber 'savana' helada en la playa
  • Las serenatas en inglés, italiando, español, alemán y portugués del viejo João en la Mercado Central de Inhambane
  • Comer 'barracuda peixe' en el mercado del pueblo
  • Conocer gente... viajeros aventureros con mil experiencias que enriquecen mi mundo
  • Conversaciones sobre la vida alrededor de una hoguera en la playa con desconocidos que dejan de serlo
  • Charlar con las mamas, los pescadores, los niños de cada pueblo por el que paso
  • Un baño a media noche en el Océano Indico bajo un cielo estrellado
  • Caminar descalza