Cada año en la provincia de Maputo se elige un distrito para celebrar este día tan importante y este año fue en Moamba. Esta pequeña localidad a 50 km de la capital vivió uno de los momentos más especiales del año... y una servidora tuvo el privilegio de ser testigo de todo.
Gracias a Rosa (una madrileña que trabaja para una ONGD inglesa en el Ministerio de la Mujer) me enteré de que la celebración iba a ser en Moamba. Así que ni corta ni perezosa organizamos "viaje" hasta este pueblo para conocer y vivir en directo este día tan especial. Al principio pensaba que Rosa y yo íbamos a ser las únicas... después se nos unió más gente: un fotógrafo portugués, una francesa que lleva temas de cooperación cultural en al Embajada de Francia en Moçambique, un madrileño que trabaja en el hospital de Moamba como oculista y mi mejor amiga brasilera em estas terras moçambicanas.
El chapa como siempre fue nuestro transporte para llegar a nuestro destino final. Dos chapas y casi tres horas de viaje (en coche particular con un hora llega). A las ocho y media de la mañana estábamos a la espera y después de un trayecto sin complicaciones (¡algo raro para ser Moçambique!) llegamos a este pueblo.
La carretera estaba llena de gente que se dirigían a una explanada donde los organizadores habían situado el evento. Estaba lleno de gente, había chapas, carros, camiones y todo tipo de transporte que no sé cómo habían llegado hasta allí para ser testigo de todo.
Bajamos del chapa a la entrada de Moamba y nos dirigimos hacia el lugar donde se estaba celebrando el evento. Sintiendo el ambiente, sonriendo y saludando a todo aquel que se cruzaba en nuestro camino y como siempre pasa… siendo los “únicos mulungus” del lugar nos adentramos entre la multitud. Niños, jóvenes, militares, abuelos, abuelas y sobre todo muchas mujeres. Nosotros, en medio de la masa, tratando de buscar nuestro lugar.
Al final te das cuenta que aunque haya momentos en los que notes cómo el color de tú piel puede condicionar tú relación con la gente de este país hay otros muchos en los que ni te das cuenta que eres blanco, verde o amarillo. Desgraciadamente he de reconocer que nunca antes había sentido como el color de piel podía marcar de forma tan exacerbada tú posición y tú relación con la gente, especialmente cuando se sale de la capital. No sé si es porque Sudáfrica está al lado, si los resquicios del apartheid del país vecino "influyen o han influido" de alguna manera o por los resquicios de la colonización. Pero en fin, una servidora a pesar de todo, en estos momentos se sintió como pez en el agua. Ahí estaba yo, moviéndose entre la multitud como una más.
Bajo un ambiente embriagador, entre festivo y reivindicativo, entre político y social nos recibió la gente como nunca antes lo había sentido. Francisco (un fotógrafo portugués) y yo enseguida tomamos posiciones y la celebración comenzó. Con paso firme, al compás y con sentimiento... voces desgarradoras en algunos momentos y movimientos con fuerza marcaron el ritmo del evento.
Todas las mamanas (mamas moçambicanas) empezaron a cantar. Todas con sus mejores capulanas, algunas casi uniformadas y con sus sonrisas de oreja a oreja. Cada grupo de mamanas representaba un distrito, una organización y en sus cantos consignas a favor de los derechos de las mujeres, canciones en honor a Josina Machel, canciones de lucha, canciones que pedían respeto, canciones en contra de la violencia y canciones que querían dejar claro que las mujeres son una pieza importante y esencial en la sociedad moçambicana. Entre discursos, cantos y más danças la gente de Moamba y nosotros vivimos momentos muy especiales.
Mil sentimientos y pensamientos como siempre entre mi corazón y mi cabeza. Realmente hay que estar allí para sentir el ambiente. La piel de gallina y emoción... tenía ganas de llorar pero a la vez me sentía fuerte, reinvindicativa... y cada vez que observaba los rostros de esas mamanas moçambicanas, esos rostros que lo dicen todo, con esas miradas y facciones duras, esos rostros de luchadoras, de trabajadoras, de "sufridoras", rostros de orgullo, de dignidad y sobre todo de rostros con historia, con un pasado y presente vivido como nunca nadie ha podido imaginar, me hacían pensar mi mi vida. Replantearme muchas cosas y reflexionar. En seguida vino a mi cabeza aquel escrito de mi querido Gabo (Gabriel García Márquez) sobre la mujer. Mi vida no se puede comparar a la de ellas evidentemente. Y si me comparo con ellas... sólo puedo decir que me siento pequeña.... hay tanto todavía que me queda por hacer y aprender...
En fin que como siempre este ha sido otro momento único de los muchos que estoy viviendo aquí en Moçambique... esta vez en Moamba. Mi primera celebración del 7 de abril me ha impactado. ¿Por qué será que todo "me impacta"? pues la verdad es que como dice una compañera de trabajo... vivo todo con mucha intensidad y pasión. Según ella, le pongo corazón a todo... quizás por eso cada momento o situación que experimento en este país me deja huella. ¿Demasiada intensidad? puede ser, pero si no se le pone corazón o pasión a las cosas, ¿entonces qué? Prefiero vivir con pasión que convertirme en una persona impasible, de piedra a la que nada ni nadie le afecte.
Creo que esta fecha para mí estará apuntada para siempre en mi agenda. No importa donde esté, en Moçambique, en España o en la China... el 7 de abril es y será para mí un día especial. No creo que sea tan fácil borrar de la cabeza las imágenes y recuerdos de estas mujeres a las que admiro, respeto y quiero. Además su lucha, trabajo o reivindicaciones no se limitan sólo al 7 de abril... es todos los días.
Por cierto... como anécdota... la vuelta en chapa desde Moamba hasta Maputo al final se convirtió en una odisea. ¿Imagináis por qué? pues porque nos quedamos tirados en medio de la carretera porque el chapa quebró. Yo estaba tan cansada que caí rendida en cuanto subimos a este "medio de transporte público". Pero cuando el chapa "murió" me espabilé enseguida.
Después de casi una hora de espera pensando que hacer: caminar hacia la localidad más cercana (Matola), hacer autostop hacia el paragem de chapas más cercano o llamar a algún amigo con carro de Maputo y que nos diera boleia... Finalmente el conductor "arregló" lo que tenía que arreglar y volvimos eso sí, a duras penas a Maputo sanos, salvos, cansados y sobre todo... felices del día que habíamos vivido.

