"ESCRIBIR SALE DEL ALMA"
Gabriel García Márquez".

"África es uno de los continentes más ricos del mundo en recursos minerales,  pero tiene a la gente más pobre del mundo". Y la más explotada, también. 
Southern Africa Resource Watch (SARW)

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miércoles, 23 de abril de 2008

Día del Libro: Paixão pelo livro

Hoy es el día del libro. El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes y Shakespeare. También un 23 de abril nacieron o murieron otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por este motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue escogida por la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro, sus autores y animar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a respetar la inconbustible contribución de los creadores al progreso social y cultural.

En Maputo, bajo el lema “Paixão pelo livro” (pasión por el libro), la celebración de este día tan especial tuvo lugar en la sede de la Asociación de Escritores Mozambiqueños (AEMO). No es la primera vez que iba a la Asociación de Escritores, el lugar de los intelectuales de la ciudad por excelencia. Aquí se reúnen escritores, periodistas, viajeros, estudiantes, expatriados... me gusta el lugar aunque si le tengo que poner un pero sería el factor mosquito (si, no se libra nadie de la mordaz picada de estos bichitos tan simpáticos). La verdad es que era la primera vez que se organizaba algo así en Maputo y nadie sabía cómo iba a salir. ¿Vendría gente? se preguntaban los organizadores.

Todo estaba preparado. En el jardín un improvisado escenario con un par de sillones viejos para recibir a las figuras más relevantes de la cultura mozambiqueña... pintores, escritores, actores que iban a leer como se hace en Madrid, un texto escogido por ellos. Antes de la lectura libre y la música se realizó una primera actividad de reflexión en torno a una mesa redonda. Jóvenes escritores estuvieron debatiendo sbre la situación actual de la industria editorial en Mozambique, las dificultades existentes para difundir la lectura o el interés del público mozambiqueño por el libro.
Porque aquí no es fácil. Casi un 40% de la población es analfabeta. Hay gente que ni siquiera habla portugués por lo que "leer" resulta imposible. Los libros tampoco es que sean muy accesibles. El sueldo medio es de unos 1000 meticales (unos 30€) y un libro cuesta por ejemplo unos 540 meticales (unos 16€). Las cuentas no cuadran, ¿verdad?

Todo esto lleva también a que casi no haya librerias y las bibliotecas se cuentan con los dedos de una mano. Aquí he tenido la oportunidad de conocer de primera mano varios proyectos educativos y la verdad es que el trabajo no es fácil. Muchos de los niños además de tener que ir al colegio deben de ocuparse de los trabajos de casa o simplemente trabajar como cualquier adulto. Las niñas se llevan la peor parte, porque además cuando llegan a los doce años ya están embarazadas (en el mejor de los casos si no hay cogido el SIDA). Si, mientras asistía al debate todos estos pensamientos y reflexiones pasaban por mi cabeza. Esto es una realidad y el panorama no parece muy alentador. ¿Una solución? Invertir en educación, definitivamente la base de todo. Ahora mismo el Gobierno de Mozambique está ello pero hay que ser realista. Es un proceso lento y largo y probablemente no verán los avances hasta dentro de una generación (por lo menos).

Pero no hay que perder la esperanza... porque lo bueno de todo es que la gente está concienciada para que cambie esto.
Iniciativas como "Paixão pelo livro" hacen que haya una luz de esperanza. Promover el libro, la lectura, la educación es básico. Sensibilizar a la gente hacen que "abramos los ojos ante la realidad" que nos rodea.

No tiene precio el vivir a paixão pelo livro em terras africanas.

domingo, 16 de marzo de 2008

Crescer para Moçambique

Hay un antes y un después. Hay ciclos que se abren y otros que se cierran. Eso lo he aprendido muy bien aquí en Moçambique. Ha llegado la época de las despedidas y las bienvenidas. De golpe en unas semanas mucha gente que quiero terminó su ciclo en este país (el trabajo, investigaciones, etc) y han vuelto a sus respectivos países. Por el contrario otra tanda de gente nueva ha llegado a esta ciudad. Se nota, llenos de ilusiones, con mucha energía, abiertos para conocer al máximo esta cultura, estas costumbres, los rincones más perdidos. Las cosas son así, no hay otra. A gente va, a gente chega... Mi mejor amiga de Mozambique es una brasileña a la que adoro. Con Steph vivo, he trabajado y he visto cómo en estos meses aquí en Maputo se ha superado poco a poco. Ella es una de las personas que ha acabado su ciclo aquí. Y antes de acabar no podía irse sin saber si un proyecto que ella misma ha visto nacer realmente salía adelante. Y entre este ir y venir mi mejor amiga de toda la vida de España llegó por fin a estas tierras. No llegó sola, Moisés, también estaba con ella. Siento como si llevaran aquí toda la vida. Con ellos, con los tres estoy compartiendo, desubriendo y conociendo este país. Estamos viviendo y sintiendo "mi vida en Mozambique". Este país tiene muchas cosas buenas y preciosas por conocer. Pero también tiene una realidad que no se puede ignorar. Países de contrastes, país de utopías.

Como buena anfitriona les he llevado a ver la ciudad, lo turístico, lo bonito... y como buena "afitriona concienciada" también les he llevado a ver lo menos bonito, la realidad, lo que está fuera de la "burbuja turística". Ayer viajamos a la localidad de Boquisso, para visitar un proyecto educativo de una pequeña ONG moçambicana.
Boquisso está a una hora en coche a las afueras de Maputo. En chapa la primera vez que fuimos Steph y yo tardamos casi 5 horas. El camino no es fácil, nosotras tuvimos que coger tres chapas y el resto del camino hacerlo andando.
Esta vez la cosa era distinto. Íbamos en el coche de Sergio. Los cinco expectantes de cómo iba a ser este día. No queríamos imaginar nada, no queríamos hacernos expectativas, no queríamos ir con "ideas preconcebidas...", estábamos abiertos para ver lo que fuera. Nos gustara o no nos gustara... íbamos a conocer la realidad de esta pequeña Boquisso. Nada más llegar los organizadores y representantes de AMAC nos recibieron de forma cariñosa e ilusionados porque "lo habíamos conseguido". Habíamos llegado a esta aldea perdida que ni siquiera aparece en los mapas. Quizás no esperaban que llegáramos hasta allí. Y eso fue lo que les hizo más feliz. En seguida nos llevaron a un pequeño cuarto y nos dieron una camiseta y una gorra de la organización como las que llevaban ellos. Nosotros encantados con la bienvenida y felices de ser tratados como ellos. Sin diferencias e iguales ante un nuevo proyecto.

La pequeña ONG que visitábamos se llama AMAC (Asociaçao Moçambicana de Amigos da Criança) y estaba celebrando que había conseguido una pequeña subvención para la escuelita. Ese dinero significa material escolar, uniformes, crear un taller de costura y otro de carpintería para los niños y adolescentes de Boquisso y redes mosquiteras. Para mí ha sido tan importante estar en este momento de inauguración y celebración. Después de mi "crisis de fe en la cooperación" esto me ha devuelto la confianza. Realmente la cooperación la hacen las personas y esto es el mejor ejemplo de todo.
A continuación nos dirigimos a conocer el terreno, visitar dónde se iba a construir un pequeño campo de fútbol para los niños. Dónde iba a estar el centro de formación de costura y carpintería. Ver in situ el material escolar, las redes mosquiteras y los uniformes que se iban a dar a los 160 niños de esta escuelita de esta pequeña localidad. Y valió la pena. Ana y Moisés estaban impresionados con esta primera experiencia. Creo que no lo esperaban. Steph, Sergio y yo aunque ya conocíamos el proyecto, no podíamos dejar de evitar sentirnos abrumados con los "millones" de sentimientos que recorrían nuestro corazón en esos instantes. El corazón a mil por hora. El proyecto Crescer para Moçambique, una realidad.

Salían niños de todas partes, todos con sus sonrisas, con sus pies descalzos y con esas miradas que te llenan por dentro, esos ojos que se te clavan cual afilados cuchillos de hoja fina. No hay palabras para explicar, escribir o describir lo que una persona siente cada vez que se recibe una de estas miradas. Algunos niños nos cogían de la mano y nos sonreían. Otros simplemente nos observaban. Otros nos tocaban y salían corriendo (muchos de estos niños nunca han visto a una persona blanca). Éramos la novedad. Caminando por caminos de tierra, bajo un sol abrasador como es de imaginar, muertos de sed pero nadie se quejaba. El momento que estábamos viviendo era único. Creo que todo el mundo, tanto niños como adultos éramos conscientes de la importancia de esos instantes. Sé que esto es un antes y un después en esta localidad. Los niños felices estrenando uniforme. Muchos de ellos sólo tienen una camisa, unos pantalones y ya está. A veces no pueden ir al colegio porque la única ropa que tienen está "lavada"... así que esto no era una simple inauguración, sino que ha sido mucho más. Yo como periodista, captando cada detalle y emocionada cada vez que veía la cara de felicidad de los peques con sus uniformes o con sus mosquiteras. Los niños siempre atentos a las palabras de los profesores y colaboradores de AMAC.

De un momento a otro todos nos dirigimos a una de las clases de la escuela para escuchar las palabras de los organizadores. Palabras sencillas, pero claras y directas para concienciar a todos los presentes y sobre todo a los niños de la importancia de ir a la escuela y sobre todo, la importancia de cuidarse contra el SIDA y la malaria.
Estos niños no tienen más de diez años y saben que el SIDA y la malaria matan. Desgraciadamente todos conocen a alguien o tienen algún familiar con alguna de estas enfermedades. Es su día a día y por eso cuando se habla con ellos de esto se hace de forma tan directa y sin tapujos. Es irónico comparar como una niñez según el país o continente donde hayas nacido puede condicionar tanto las "esperanzas de futuro". Mientras que en Europa con diez años muchos niños se preocupan por las "zapatillas deportivas o la consola de videojuegos X", "las clases de fútbol o el viaje a X lugar" aquí con diez años estos niños son "mini adultos". Muchos trabajan en el campo, cuidan de sus hermanos menores, llevan una casa y además ven morir a gente de SIDA o malaria. Y ellos mismos deben cuidarse de estas "montruos" que los acechan día a día. En la escuela no sólo se aprende a leer o a escribir, también se aprende a "defenderse" o tomar precauciones de los grandes males que forman parte de su vida. Porque es así, es su pan de cada día.

¿Y qué significa entonces la escuela para ellos? Pues significa formación y un futuro. "Vocês querem ser ministras e ministros... querem ser doutoras e doutores?" les preguntaba un representante de AMAC. Ellos sin dudarlo respondían que sí. No pude evitar emocionarme y soñar en un futuro, donde estos pequeños y estas pequeñas eran médicos, ministras, profesores... Creo que en ese momento nunca he deseado con tanta fuerza tener una "varita mágica", convertirme en una "hada madrina" y hacer estos sueños realidad al instante. Me puse a pensar que estos sueños de estos niños sí que son posibles de conseguir. Si hay organizaciones como AMAC quizas no sea tan imposible. A largo plazo esto es una esperanza de futuro. Yo tengo fe que en que esto no sólo es un sueño, sino que se convierta en una realidad. ¿Qué es difícil y complicado...? nadie dijo que fuera fácil. ¿Qué hay mil historias, contratiempos y obstáculos?. Sí es verdad. ¿Pero quién dice que se imposible? nadie puede decir que sea imposible. Difícil si, imposible no. Para mí este proyecto, Crescer para Moçambique, significa esperanza. Es una oportunidad para estos pequeños, un proyecto de futuro y "Crecer en Mozambique". Ha sido tan significativo compartir este momento con Steph, Ana y Moisés... y lo más importante es que los protagonistas de esta historia, los niños de Boquisso son y serán los protagonistas de un nuevo proyecto futuro. Para ellos va dedicada esta entrada de blog. Son y han sido los que a todos nosotros nos han hecho poner los pies en la tierra. Son y han sido los pequeños seres a los que estamos agradecidos: por su cariño, por sus miradas, por sus historias, por su tenacidad ante la vida, por su fuerza de voluntad, por su trabajo, por su ejemplo de lucha... por todo. Otra lección, otro aprendizaje. Todos aprendimos algo de ellos. Nadie se fue indiferente. Estoy segura de que lo que ellos nos han aportado a nosotros ha sido muchísimo más, de lo que nosotros a ellos. No tiene precio. Nos observaban y los observábamos... y por mi mente una imagen, todos estos peques y la esperanza de un futuro.

jueves, 25 de octubre de 2007

En la Universidad...

Son las once de la noche y mi móvil parece la central de telefónica… sms por aquí, llamada por allá…ha sido un día con mucho trabajo y mañana me espera más de lo mismo. Mi cuerpo está lleno de agujetas por la clase de capoeira y lo único que me apetece es meterme en la cama.
Antes de desconectar mi teléfono y desaparecer para todo el mundo recibo un último mensaje. Lucía, mi vecina del tercero me pregunta si quiero ir a la mañana siguiente a la universidad donde da clase. Su grupo de estudiantes quiere crear una revista en español y me interesa conocer más su proyecto. Me encanta la idea de que quieren crear un medio para expresar sus ideas, lo que piensan y su visión de este país.
A la mañana siguiente Lucía aparece por la oficina muy temprano. La clase empieza a las once y debemos de salir con tiempo. Cogemos un chapa (una especie de mini bus muy común aquí en Maputo que la gente utiliza para moverse por la ciudad) en la esquina de casa y marchamos rumbo a la UEM. Montar en chapa es como ir en una especie de discoteca móvil. La música a todo volumen y el chapa lleno de gente. Si la capacidad del chapa es para nueve personas perfectamente caben el doble o más. Por el módico precio de 5 meticais puedes moverte por la cidade sin problemas. Además si te toca un conductor con el síntoma del “cantante frustrado” el espectáculo está garantizado.
A mí me encanta coger los chapas, porque es estar con la gente normal y corriente. Es volver a la realidad y poner los pies en la tierra. Es ser consciente de que estás viviendo en una ciudad africana y que el lugar donde estoy no es precisamente un jardín de rosas. Para bien o para mal mi trabajo me obliga a moverme a otro nivel y un tipo de círculo determinado… a veces tengo la sensación de estar en un “burbuja”. Por eso agradezco y aprovecho cualquier oportunidad que tengo para salir de esta “burbuja” y mezclarme con la gente.
Cuando llegamos a la universidad, lo primero que vemos es la Facultad de Derecho. Un edificio en buen estado abarrotado de estudiantes que van con sus mochilas, apuntes y libros de clase en clase. Para llegar a la Facultad de Letras, la historia cambia. Debemos atravesar la Facultad de Derecho, salir del recinto, coger por una especie de camino de arena, atravesar un descampado lleno de piedras, tierra, yerbajos, basura durante unos diez minutos y por fín llegar al recinto de la facultad. Un par de edificios viejos, semiderruidos, algunos sin ventanas y un suelo de tierra son lo que conforman el campus.
Lucía se mueve como pez en el agua, saluda a todo el mundo y me lleva hacia su clase. Después de subir tres pisos (porque no hay ascensor) llegamos a la clase de español. Un cuarto del tamaño de mi habitación en Madrid, pupitres amontonados y una pizarra.
Poco a poco van llegando los estudiantes. Lucía me presenta y empezamos a hablar de todo…y sobre todo de la revista. Nos ponemos manos a la obra y elegimos un nombre, una línea de trabajo (aunque ellos ya lo tienen bastante adelantado) y les propongo el poder incluir algunos de sus artículos en el boletín que estoy diseñando para la AECI en Mozambique. Les gusta la idea y a mí me hace ilusión poder participar en la creación de un proyecto como el que tienen ellos y echarles un cable en lo que haga falta. Yo creo que de aquí pueden salir muchas historias… Por el momento se decide la fecha de presentación oficial y me piden que participe y diga unas palabras. Evidentemente acepto la propuesta.
La hora de la clase acaba y Lucía debe quedarse porque en media hora empieza con otro grupo. Mario, un joven moçambicano que tuvo la oportunidad de estar el mes de julio en Madrid estudiando español con una Beca de la AECI me acompaña para coger el chapa.
Volvemos a atravesar el descampado, los caminos de arena, el campo, la Facultad de Derecho y mientras hablamos sobre su experiencia en Madrid. El con un español perfecto y yo con mi portuñol que espero que mejore.
Cuando llego a mi oficina me doy cuenta del potencial que hay entre la gente de aquí… y que sólo falta que alguien lo descubra y le de una oportunidad para que empiece a brillar.
Todo el mundo merece tener una oportunidad.
Quizás algunos hemos sido más afortunados que otros y si alguno de nosotros puede poner su granito de arena para ayudar a los demás…¿por qué no hacerlo?

lunes, 22 de octubre de 2007

Con los líderes y Chefes de Barrio en Manhiça

Son las seis de la mañana y la alarma de mi móvil no deja de sonar. A las siete salimos con el chofer hacia el municipio de Manhiça, una pequeña localidad a 80 km de la capital.

A las ocho de la mañana han sido convocados todos los líderes y Chefes de Barrio de Manhiça. la AECI en Mozambique y el MICOA (Ministerio para la Coordiación Ambiental) han organizando unos cursos de “Planeamiento Urbano”. La verdad es que no tengo ni idea de qué va a tratar el curso, qué tipo de gente irá y si me voy a enterar de algo… Es mi primera salida oficial a terreno y me siento como cuando estaba en el colegio y tenía que presentarme a un examen. Esa sensación en el estómago entre nervios y vacío… el día anterior la Coordinadora de Municipios me pasa un e-mail con unas líneas sobre qué va a tratar el curso… pero como me dice ella al final de su correo: “Mejor que lo veas tú… ya me entenderás…”. Amparo, mi compañera de piso viene también. Ella lleva uno de los proyectos en esta zona y debe asistir.


Las siete menos un minuto, y nuestro chofer, Joao Paulo (Jean Paul como le llamo yo) nos espera en el parking del Predio de la Cooperaçao (el edificio donde vivimos). Subimos rápidamente al coche y cogemos carretera rumbo a Manhiça.


Las afueras de Maputo están llenas de chabolas, no hay calles propiamente dichos y las mañanas son un hervidero de gente. Los niños están en la calle, juegan con viejos neumáticos de coche o con latas de coca-cola. Los más mayores que no sobrepasan los ocho años cuidan de los pequeños. Algunas niñas, llevan en sus pequeñas capulanas a la espalda a los más pequeños. Bebitos de no más de un año duermen, mientras sus cuidadoras juegan con piedras con un trozo de tela a modo de muñecas. Esos son sus juguetes y no van al colegio. Pero lo que veo no es una excepción, o algo típico de esa zona… desgraciadamente es lo normal y lo común en este país.


Respiro hondo (nunca pensé que las famosas respiraciones yóguicas de las que siempre me reía cuando iba a clase de yoga me fueran a servir tanto…) y sigo mirando a través del cristal. De fondo escuchamos la radio y Jean Paul me va explicando los lugares por los que vamos pasando. Yo sigo observando por la ventana.


Cuando dejamos atrás la capital lo único que hay a nuestro alrededor es campo. Carretera, tierra y algún que otro pueblecito. Al cabo de una hora por fín llegamos a Manhiça. La entrada al pueblo está asfaltada, me sorprende y Amparo me dice que sólo está asfaltada la calle principal. El resto de las calles son tierra. Cogemos una de estas calles y nos dirigimos al Conselhio Municipal (el Ayuntamiento) y allí unas cuarenta personas esperan en la puerta principal.

No tenía ni idea que hubiera tanta gente y cuando bajamos del coche todo el mundo nos mira. Sólo hay seis mujeres en este grupo de gente. El resto son hombres, jóvenes y mayores a la espera del comienzo del curso. Una de estas mujeres, una típica Mama Africana me mira y me sonríe. Saco mi cámara y le hago una foto a ella y a las dos mamas que están sentadas al lado.


Amparo entra en la sala donde va a tener lugar el curso y yo me quedo fuera observando, haciendo algunas fotos de la gente y charlando con los colegas de la Televisión Moçambicana que van a cubrir la inauguración de los cursos.


Como siempre… no empezamos a la hora…y hasta las nueve y cuarto no llegan los representantes para dar comienzo a la formación.


Y allí estoy yo, sentada, entre los líderes y Chefes de Barrio pendiente del traductor… porque la mayoría de los asistentes que están en la sala no hablan portugués, hablan un dialecto llamado rongó. Así que imaginaros, del rongó al portugués y del portugués al rongó. Cuando la gente se empieza a dormir (porque la charla es un poco pesada) el traductor, un abuelete muy simpático que me recuerda a Billy Cosby se pone a cantar o a aplaudir. Si, de repente en medio de la charla, hace una pausa, dice unas palabras en rongó y se pone a cantar y todos le siguen. Parece que esta es una manera para que la gente preste atención.


La piel se me pone de gallina y saco la cámara y grabo un mini video. Es algo surrealista, no sólo por el entorno, ni por la gente, ni por los contenidos (lo que se les está enseñando es como organizar las aldeas o pueblos, la estructura que deben de seguir cuando construyen sus casas, la importancia de respetar el espacio, el no edificar en medio de una vía de tren o cerca de una torre eléctrica o la importancia de crear una zona de letrinas lejos del área donde cocine la comunidad… cosas obvias para nosotros pero que para ellos es una novedad) sino por el hecho de que estoy asistiendo en un pueblo perdido al otro lado del mundo a un curso de “urbanismo”.


Cuando llega la hora de comer, nos vamos todo el grupo a una especie de “restaurante” de la calle principal. Coca-cola, arroz blanco y pollo es lo que nos tiene preparado. Nos sentamos en dos filas de mesas y es genial el poder compartir con todos ellos. Es gracioso ver cómo nos comunicamos, yo en mi portuñol, y ellos en rongó. Nos reimos y compartimos la comida, para mi es un honor.


A la vuelta nos dividen en grupos… ahora hay que trabajar en grupo y discutir y sacar las conclusiones comunes de lo que “hemos aprendido” por la mañana. Me uno al grupo de la mama africana, que me sonrió por la mañana. Ella es una mujer robusta, con gafas, pelo blanco y unas manos grandes y curtidas…esas manos seguro que si hablaran podrían contar muchas historias de campo. Viste con una capulana como falda y una camisa con una especie de pin con la bandera moçambicana. Debajo del pin, su cargo: Lider de mujeres del municipio de Manhiça. Durante la puesta en común es la que más habla, la veo muy comprometida con su comunidad y preocupada por aplicar los conocimientos y la información que nos han trasmitido. Me encanta…además trata de hablar en portugués para que entienda lo que dice.


La verdad es que para mí es toda una experiencia, yo también participo en el debate. Todos me escuchan atentamente y “escriben” (los que saben) mis observaciones. La mama africana me vuelve a sonreir.


El tiempo pasa y llega la hora de la puesta en común. Otro canto y más palmas. Parece que hemos acabado. Abraços, saludos y más fotos. Ellos, se suben a la parte trasera de un camión y yo me voy en busca de Jean Paul.



Khanimambo (gracias en rongó y changana)





Periodista aventurera en tierras africanas

Periodista aventurera en tierras africanas

"Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino"

"Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza".
Lord Alfred Tennyson, Poeta Inglés ( 1809 - 1892)

NUCLEO DE ARTE: http://www.africaserver.nl/nucleo/port/inde

NUCLEO DE ARTE: http://www.africaserver.nl/nucleo/port/inde
Maputo, Moçambique
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Con que personajes me estoy encontrando...

Hay dos tipos de viajeros:
Los que van huyendo de algo y los que van buscando algo (sin contar los 'flipados de la vida' claro... esos sí que son unos personajes).
En este viaje me estoy encontrado con todo tipo de gente. Viajar de mochila sola es mucho mas divertido de lo que esperaba.


[Mi viaje en Mozambique
esta siendo toda una experiencia]

Mi viaje en Mozambique y Malawi... lo mejor de viajar por estas tierras lindas

  • Los desconocidos que se convierten en grandes amigos... encontrar gente con las mismas inquietudes y forma de ver la vida en los lugares menos esperados
  • Caminar, caminar, caminar por cualquier rincon de la ciudad o aldea por la que paso
  • Desayunar el musli casero del backpackers en BT
  • Conocer el proyecto de PAMET (Paper Making Education Trust) y charlar y reirme con las mujeres que forman parte de PAMET (www.pamet.org.mw)
  • Ir con mi vestido de capulana tanzaniana y encontrarme en una estacion de chapas a una mujer que lleva puesta la misma capulana!!!
  • Las noches de guitarra y cerveza entre maluies, indios, sudafricanos, cubanos, canadienses y libaneses.
  • Aprender chichewa (lengua de Malawi) en una gasolinera perdida en Luchenza mienstras espero a que me vengan a 'ayudar' desde Blantyre
  • La lluvia en Malawi
  • El sonido de los arboles de Mulanje
  • Las libelulas al atardecer desde el Monte Mulanje
  • Despertarme con el canto del gallo y los pajaros (no necesito despertadOr!)
  • Llorar de felicidad cada vez que la vida me regala un momento nuevo...
  • Entrar en un templo hinduista y charlar con los sacerdotes indios en el centro de la ciudad
  • Comer injera y doro wet... sentirme por unas horas en mi querida Ethiopia (saudades, saudades...!)
  • Encontrar un restaurante de comida ETIOPE en Blantyre... y hablar amarico con el duenho!!!!!!!!!!
  • Llegar hasta Blantyre (Malawi) en un chapa rodeada de sacos de maiz y hormigas voladoras
  • Llegar a la frontera con Malawi y cruzarla a pie bajo la lluvia
  • El viaje en camioneta por una carretera perdida de Gurue a Milange
  • Montar en el camion verde del Senhor Sacoor
  • Charlar con el Senhor Muana Sacoor
  • Relajarme en la cima de la cascada con el sonido del agua que corre...
  • Los caracoles de los caminos de tierra
  • El olor a lluvia entre bosques de bambu y eucalipto
  • Encontrar unas cascadas espectaculares despues de 3 horas de caminata de subida en una montanha (15km a pie!)
  • Conocer el proyecto del padre Ilario (PARABENS...!!!)
  • Perderme entre las plantaciones de te
  • Las montanhas de Gurue
  • Los pajaros a la entrada de Limoe
  • Reirme con los 'mocambico-cubanos' de Gurue
  • La llegada a Mutali
  • Encontrar y comer uvas en la mitad del mato
  • Disfrutar del espectacular paisaje de montanhas en Niassa
  • El viaje en tren de Nampula a Mutuali
  • Descansar en la 'estera-cama' de Mahari
  • Los chicles 'made in brazil'
  • Escuchar a Luck Dub en Caia
  • Sentir la brisa rozar mi cara a través de la pequeña ventana de machibombo
  • Pasear por la noche en la Isla bajo un manto de estrellas
  • Perseguir cangrejos por la playa
  • Descubrir playas paradisiacas
  • Navegar en dhow
  • Descubrir los rincones más insospechados de la Isla de Mozambique
  • Beber un buen vaso de zumo de mango helado
  • Dibujar 'caritas felices' en las yemas de los dedos de los crios con los que me encuentro
  • La hospitalidad de la gente (en todas partes...!!!)
  • compartir lo que tengo con mis 'compañeros de viaje' espontáneos
  • Escribir cuando se puede en el chapa en mi libreta de 3 meticais
  • Caminar entre manglares
  • Escuchar la selección de los 'greatest hits' de la música marrabenta compartiendo chapa con 32 personas más (sip, 33 personas en total embutidas como sardinas en un chapa de Maxixe a Inchopte)
  • Encontrarme con caras conocidas en los lugares más insospechadas (Helder, Valoy, Bavazana...que bom a gente curtio na praia!!!)
  • Los consejos de Gerald y 'Big F****Andy'
  • La amabilidad y hospitalidad de los moçambicanos con los que me voy encontrando (Obrigada Sr.Miguel, Augosto, Emilio, Mama Maria, Edilson....)
  • La brisa que entra por la pequeña ventana en el Nampula Express de Quelimane a Nampula
  • Cuando alguno de los pequeños que viajan en el chapa me tocan y acarician la cabeza
  • Beber 'savana' helada en la playa
  • Las serenatas en inglés, italiando, español, alemán y portugués del viejo João en la Mercado Central de Inhambane
  • Comer 'barracuda peixe' en el mercado del pueblo
  • Conocer gente... viajeros aventureros con mil experiencias que enriquecen mi mundo
  • Conversaciones sobre la vida alrededor de una hoguera en la playa con desconocidos que dejan de serlo
  • Charlar con las mamas, los pescadores, los niños de cada pueblo por el que paso
  • Un baño a media noche en el Océano Indico bajo un cielo estrellado
  • Caminar descalza